La situación del sistema ferroviario en Uruguay volvió al centro del debate tras una entrevista con Washington Sánchez, integrante de la Unión Ferroviaria, quien expuso las tensiones estructurales que atraviesa el sector y su vínculo con el modelo de desarrollo nacional.
Sánchez sostuvo que la reactivación del tren de pasajeros es técnicamente viable y socialmente necesaria, especialmente si se concreta la recuperación de la Estación Central como terminal. Sin embargo, advirtió que las decisiones políticas históricas han debilitado el ferrocarril, favoreciendo al transporte carretero y a intereses empresariales que consolidaron un fuerte poder de lobby.
En ese marco, cuestionó el esquema actual del sistema ferroviario, en particular el modelo de “open access”, que encarece la operativa y prioriza intereses privados, como el transporte de carga vinculado a grandes empresas, por sobre el servicio público de pasajeros. Según explicó, esta lógica limita el desarrollo de un sistema accesible y eficiente para la población.
El dirigente también remarcó que el desmantelamiento del ferrocarril no respondió únicamente a criterios económicos, sino a una orientación política que redefinió la matriz de transporte del país. Mientras otros países apostaron por modernizar el tren, Uruguay optó por reducirlo a servicios marginales, perdiendo competitividad incluso en sectores clave como el agro y la industria cárnica.
A pesar de ese escenario, destacó experiencias como el servicio Tacuarembó–Rivera, sostenido en gran medida por el compromiso de los trabajadores, que demuestra la viabilidad social del tren: conecta localidades aisladas, facilita el acceso a la educación y ofrece tarifas más bajas que el transporte carretero, incluso sin subsidios.
Sánchez también planteó críticas hacia el movimiento sindical, señalando dificultades metodológicas y políticas para impulsar con mayor fuerza la defensa del ferrocarril, así como la falta de articulación con otros actores sociales que valoran este medio de transporte.
La discusión sobre el tren en Uruguay no es solo técnica ni económica: pone en juego qué tipo de país se construye y a quiénes beneficia la infraestructura pública, en un contexto donde el abandono del ferrocarril aparece menos como un error y más como una decisión estructural.
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