En Nueva York acaba de ganar las elecciones un alcalde que rompe todos los moldes del poder tradicional estadounidense. Soran Mandani, de 34 años, nacido en Uganda, musulmán y abiertamente socialista, asumirá la conducción de una de las ciudades más importantes del mundo con un programa que en cualquier país del sur global sería tildado de radical.
Su plataforma incluye congelar los alquileres, hacer gratuito el transporte público, garantizar guarderías y educación preescolar sin costo y crear supermercados estatales para frenar la especulación y regular los precios.
Además, Mandani propone financiar estas medidas con impuestos a los millonarios, un planteo que sintoniza con los reclamos del sindicalismo y la juventud norteamericana que vuelve a mirar hacia las ideas socialistas con simpatía.
El nuevo alcalde no oculta su respaldo al movimiento de boicot contra el Estado de Israel (BDS) y denuncia la complicidad del gobierno estadounidense con el genocidio en Gaza, posiciones que en el contexto político neoyorquino resultan tan audaces como inéditas.
Desde Uruguay, el contraste es inevitable. Mientras Mandani impulsa políticas públicas de redistribución y control estatal, parte de la izquierda local gobierna con miedo a molestar a los mercados, resignada a que los supermercados privados decidan cuánto vale la comida y los bancos dicten los tiempos de la política.
Debe ser complejo para la izquierda uruguaya quedar a la derecha de un yanki.
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