Ni las más truculentas películas de horror sádico, que se conocen como «gore», podrían emular los reportes que surgen de los bombardeos actuales sobre Gaza, y las nuevas incursiones del ejército sionista en distintos puntos de esa zona. La brutal ejecución de personal médico y de la ONU, luego enterrados en una fosa común poco profunda. Niños prendidos fuego por las bombas incendiarias en una clínica en Jabalia. Los bombardeos permanentes durante la noche. 100 niños muertos o heridos por día desde que Israel rompió el cese al fuego.
«Estados Unidos y la Unión Europea lo llaman «presidente«, pese a que no fue electo por nadie, y tomó el poder por las armas.»
La única diferencia entre el período Biden y el actual de Trump es que antes ponían como excusa que las masacres eran el daño colateral del intento de eliminar a integrantes de Hamas, pero Trump les alivia de la molestia de tener que decir estas cosas.
Mientras tanto, Estados Unidos bombardea civiles en Yemén, y el nuevo dictador de Siria, el terrorista Al Julani, sigue masacrando alauitas y cristianos en la zona costera y el sur de ese país (si es que se le puede seguir llamando así). Estados Unidos y la Unión Europea lo llaman «presidente», pese a que no fue electo por nadie, y tomó el poder por las armas.
Todo el conflicto regional es una burla macabra a todos los «valores occidentales». Y en el acto de usarlos como burdo disfraz, los extermina políticamente.
Escuadrones veganos del ejército sionista que no usan implementos que contengan derivados de animales, a los cuales se les sirve una dieta vegana cuando van a repostar.
Otros que son integrados por mujeres y personas de la comunidad LGBT que se toman fotos y videos con la bandera de la diversidad mientras dinamitan universidades, escuelas y mezquitas.
«La ONU tomada como rehén, que no es capaz de servir como ámbito en el que pueda consolidarse una respuesta…»
El silencio o murmullo balbuceante de los grandes movimientos y ONG’s que se identifican con el feminismo y la problemática de la opresión de la mujer, pese a los reportes con testigos y abundancia de pruebas forenses de violaciones en masa a hombres y mujeres, tanto en Gaza como en los otros campos de concentración en territorio israelí.
Evangelistas que militan furibundamente en defensa de Israel y son totalmente indiferentes a las masacres que sufren sus correligionarios cristianos a manos de Al Julani y sus escuadrones del Al-Qaida renovado.
La ONU tomada como rehén, que no es capaz de servir como ámbito en el que pueda consolidarse una respuesta diplomática y/o militar que detenga estos genocidios. Humillada de todas las formas posibles, cuando Israel ejecuta impúnemente desde el 8 de octubre de 2023 a cientos de sus trabajadores y personal, cuando luego la Knesset aprueba todo tipo de medidas en contra de una de las instituciones de la ONU, la UNRWA; cuando hiere a su personal militar de UNIFIL en el Líbano; y luego de todo eso, sus embajadores aparecen con total descaro para destrozar la carta fundacional de la ONU en plena asamblea, o directamente dice que toda la ONU es antisemita. Ya no queda un solo berrinche o humillación que Israel y Estados Unidos haya hecho a la ONU en estos casi 2 años.
«Ni un solo gobierno occidental ha actuado como se debería…»
Y la ya bastante vapuleada libertad de expresión, directamente fue liquidada. Cientos de estudiantes estadounidenses arrestados por solidarizarse con Gaza, varios profesores y autoridades universitarias despedidos, detenidos y/o encarcelados por lo mismo. Decenas de miles de personas despedidas, sancionadas, arrestadas y/o enjuiciadas en todo Occidente por tan solo hacer un comentario que muestre empatía en sus redes personales. Y hablando de redes, la censura global que están imponiendo las plataformas más utilizadas del mundo, que son occidentales. Cuentas bloqueadas, posts censurados o a los que se les baja el alcance artificialmente, por contener las palabras «genocidio», «Gaza», «sionismo», muerto» o cualquier otra palabra que pueda aludir al tema, incluso «niño».
Ya ni hablemos de legalidad. Ni un solo gobierno occidental ha actuado como se debería actuar en estos casos. Ni uno. No hablamos de declaraciones verbales altisonantes a la prensa, o comunicados institucionales de consternación o preocupación. Hablamos de seguir las leyes previstas para estos casos, por los canales correspondienes.
Y mencionar la palabra «solidaridad» en este contexto sería un insulto y una afrenta al más básico sentido de una mínima coherencia, o, al menos, de la vergüenza. Y aquí no hablamos de gobiernos, sino de organizaciones sociales donde los sectores populares tienen la total libertad no solo de decir, sino de hacer, y que son en las que la solidaridad es la base de todo. No han sido capaces ni de enviar un kilo de arroz, por no hablar de buscar presionar a los gobiernos de sus países, u organizar y participar activamente en movilizaciones, o estrechar lazos con las colectividades palestinas y/o libanesas de sus países.
«…con la cultura no se jode. Y nuestra cultura es fruto del saqueo y el genocidio…»
En ese sentido han hecho mucho más varios influencers de distintas partes del mundo, o grupos de estudiantes, o activistas independientes, o incluso grupos aislados de personas. Cuando se los cuestiona por este lado, por lo general los dirigentes sindicales y sociales parecen políticos de derecha, diciendo que sus organizaciones no tienen dinero.
Y podríamos decir que es por racismo (porque por supuesto que lo es); y no nos referimos al color físico de la piel, porque hay sobradas pruebas de que el racismo no tiene una raíz física, sino cultural, que, como cualquier ideología occidental, utiliza los títulos de los postulados para encubrir que hace lo contrario.
Pero no, diremos que es por cobardía y pereza. La cobardía de no querer enfrentar los ataques políticos feroces de los esbirros que el sionismo tiene a lo largo y ancho de todo occidente y Latinoamérica. Y la pereza de no buscar alternativas para hacerle camino a la solidaridad y la resistencia en un contexto tan adverso, como sí se supo hacer durante las dictaduras. Porque claramente estamos viviendo una dictadura. Una dictadura en la que lo único que se nos permite es votar cada 4 o 5 años.
Por último, podríamos hablar de la muerte de la democracia (entendida aquí como que los gobernantes deben respetar tanto la legislación nacional como internacional) pero claramente esto es algo que probablmente pocas veces se dió en la historia «democrática» de Occidente y Latinoamérica, ya que la propia clase gobernante y las oligarquías siempre han hecho lo que han querido, y para lo único que usan las leyes es para oprimir a las otras clases.
Claro que nada de esto le importa a las mayorías y dirigencias de Occidente. Pero en nuestro delirio narcisista de creernos el centro de la civilización, hemos olvidado (obviamente) algo. Los pueblos de África, Medio Oriente y Asia están mirando todo esto. Y no solo me refiero al genocidio, sino al silencio cómplice de nuestros países. Y cuando aparecen en las redes preguntando «¿Dónde están los valores occidentales?» no lo hacen porque se estén dando cuenta de algo, porque en verdad vienen sufriendo los «valores occidentales» desde hace siglos (incluso milenios en el caso de Medio Oriente); lo hacen para que nosotros nos demos cuenta de la mentira en la que vivimos desde el comienzo de nuestra civilización, que, probablemente, esté iniciando su declive definitivo e irreversible. Ojalá así sea. Porque con la cultura no se jode. Y nuestra cultura es fruto del saqueo y el genocidio, y en algún momento eso tiene que terminar.



