El analista Ismael Samandú sostuvo que la guerra iniciada por Estados Unidos contra Irán está provocando efectos económicos y militares directos sobre los propios países aliados de Washington. El planteo fue realizado en el programa “La noticia es otra”, emitido por el canal de YouTube Reactiva Contenidos, donde analizó el impacto que la escalada bélica ya está generando en distintos países vinculados al sistema de alianzas estadounidense. Durante el programa, Samandú explicó que el conflicto no debe interpretarse únicamente como una confrontación dirigida contra Irán, sino como un proceso que termina trasladando costos económicos y riesgos militares a los estados aliados de Estados Unidos. Según el analista, estos países enfrentan consecuencias como inflación, caída de la actividad económica, aumento del desempleo y ataques militares que ya se están registrando en varios territorios. Para fundamentar su planteo, el análisis mencionó indicadores financieros posteriores al inicio del conflicto. Entre ellos, la fuerte caída de la bolsa de valores de Corea del Sur, que según Samandú acumuló una baja cercana al 16 % en pocos días desde el comienzo de la guerra, reflejando el impacto que la escalada tiene sobre economías estrechamente vinculadas a la estructura financiera global dominada por Estados Unidos. El análisis también señaló que, además de las consecuencias económicas, el conflicto ya está generando ataques militares en distintos países aliados de Washington en la región, incluyendo a Israel y otros estados del Golfo, lo que muestra que la guerra está ampliando su radio de impacto. De acuerdo con la interpretación presentada en el programa, cuando una potencia atraviesa dificultades económicas tiende a trasladar parte de sus costos a sus aliados, que están integrados a su sistema político, militar y financiero, lo que convierte a esas naciones en los principales receptores de las consecuencias del conflicto. El programa La noticia es otra forma parte del canal Reactiva Contenidos, donde se publican análisis sobre política internacional, economía y geopolítica. Suscribite para seguir nuevos contenidos y análisis sobre los principales acontecimientos de la actualidad mundial.
Guerra EEUU-IRÁN: “Lo impensable está pasando”
Ismael Samandú analizó la escalada entre Estados Unidos e Irán y sostuvo que el conflicto responde a una necesidad estratégica de Washington más que a una reacción defensiva. En una nueva emisión de La noticia es otra, por Reactiva Contenidos, el analista Ismael Samandú abordó la creciente confrontación entre Estados Unidos e Irán y afirmó que el escenario actual hubiera sido considerado “absolutamente impensable” hasta hace apenas un año. Según Samandú, el protagonismo central en el conflicto lo tiene Washington, mientras que Israel cumple un rol de presión política y diplomática. “Quien necesita la guerra, quien la va a manejar y quien pone las armas es Estados Unidos”, sostuvo, al tiempo que señaló que la Casa Blanca requería una legitimación externa para avanzar. El analista describió como inéditos los recientes ataques iraníes a bases militares estadounidenses en distintos países y mencionó ofensivas contra instalaciones estratégicas en Arabia Saudita y en Emiratos Árabes Unidos, incluyendo edificios en Abu Dhabi y Dubái donde —según afirmó— operan dependencias vinculadas a la CIA. Pero Samandú fue más allá del plano estrictamente militar y planteó una dimensión financiera del conflicto. Señaló que una guerra de alta intensidad en Medio Oriente también impacta en el sistema global de deuda, especialmente en países asiáticos fuertemente integrados al mercado estadounidense como Corea del Sur y Japón, grandes tenedores de bonos del Tesoro norteamericano. En su interpretación, la tensión geopolítica y la inestabilidad global pueden funcionar como herramienta de presión indirecta sobre esos actores, en un momento de disputas por la arquitectura financiera internacional. Para el analista, mientras las acciones de Washington y Tel Aviv forman parte de una lógica histórica ya conocida —que incluye provocaciones, operaciones encubiertas y escaladas calculadas— lo verdaderamente disruptivo es la respuesta iraní directa y coordinada. La guerra no sería solo un movimiento regional, sino una pieza dentro de una disputa mayor por el orden económico y político global. El análisis completo puede verse en el programa La noticia es otra, disponible en el canal de Reactiva Contenidos. Suscribirse al espacio permite acceder a todos los contenidos y apoyar la producción independiente que propone una mirada crítica sobre la coyuntura internacional.
La regla básica del socialismo
“Sin la participación de fuerzas locales, sin una organización desde abajo, de los campesinos y de los trabajadores por ellos mismos, es imposible construir una nueva vida”. Pedro Kropotkin En pleno análisis internacional sobre el consenso del estado de decadencia del imperialismo norteamericano, este se refugia donde comenzó su poder: América para los americanos, la doctrina que el propio Donald Trump ahora invoca con el nombre de Donroe. Esa percepción de declive no le ha impedido, sin embargo, entrar a un país soberano, secuestrar a su presidente, causar la muerte de más de 40 personas y poner de rodillas a un gobierno que había resistido incontables presiones externas. El gobierno chavista, tras esos hechos, inicia negociaciones como si lo ocurrido fuera apenas un puño sobre la mesa. Se me ocurren algunas comparaciones históricas de intentos por socavar y destruir un régimen que, no obstante, terminaron siendo fracasos emblemáticos. En 1961, en la Bahía de Cochinos, Estados Unidos, bajo la administración de John F. Kennedy, llevó a cabo una invasión fallida organizada por la CIA con un ejército de 1.400 exiliados cubanos entrenados y financiados desde territorio norteamericano con el objetivo de derrocar a Fidel Castro. La operación, planificada inicialmente durante el gobierno de Dwight D. Eisenhower, culminó en un desastre militar en menos de 24 horas y reforzó la posición de la revolución cubana como un símbolo de resistencia a la hegemonía estadounidense. La invasión pretendía desencadenar un levantamiento popular en la isla, pero el apoyo interno real fue muy limitado y las fuerzas contrarrevolucionarias fueron derrotadas con rapidez. Recién instaurada la revolución —con enorme apoyo popular tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista en 1959— Cuba nacionalizó industrias y tierras dominadas por intereses estadounidenses, lo que precipitó la ruptura de relaciones con Washington y tensó aún más los vínculos con la Unión Soviética. Otro capítulo histórico son los numerosos intentos de magnicidio financiados por la CIA contra Fidel Castro, que se extendieron durante décadas. Según estimaciones de exfuncionarios cubanos, entre 1960 y 1965 hubo múltiples planes de asesinato contra Castro que la agencia promovió bajo diversas operaciones encubiertas, incluyendo desde medios tóxicos hasta métodos más directos, aunque ninguno tuvo éxito. Una comparación más regional, y saliendo del ámbito de los Estados, es el levantamiento zapatista de 1994 en México. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), compuesto mayormente por indígenas de Chiapas, se levantó en armas el 1° de enero de 1994 —coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA)— para protestar contra las políticas neoliberales que, según su diagnóstico, profundizarían la pobreza y la marginación de sus comunidades. Aunque contenida militarmente en apenas 12 días, la insurrección logró convertirse en un movimiento político de larga duración, con demandas de tierra, educación, salud y justicia que resonaron más allá de sus territorios originales. Entonces, ¿qué hace la diferencia entre Venezuela y estos ejemplos? No es el poder militar, ni la estrategia, ni siquiera la sofisticación de la inteligencia — incluso se ha reportado la presencia de oficiales cubanos entre los asesores de la guardia presidencial venezolana bajo Maduro, un factor que ha sido señalado como parte de los vínculos prácticos entre La Habana y Caracas frente a presiones externas. (Nota: la presencia de tales oficiales ha sido referenciada en análisis sobre cooperación militar entre ambos estados, aunque no siempre desagregada oficialmente). La diferencia fundamental radica en el aval de la opinión pública —local, regional y global— y en el costo político que significaría la destrucción de un proyecto político que, más allá de sus contradicciones internas, mantiene bases sociales urbanas y rurales significativas. El descontento global y las posibles revueltas que suscitaría una intervención directa o una imposición forzada de régimen serían de enorme magnitud, algo que reconfigura cada escenario geopolítico. ¿Esto implica justificar las acciones de Estados Unidos? Por supuesto que no. Ni estas, ni las que se suscitaron en Paraná contra un dictador de derecha y narcotraficante confeso merecen justificación alguna. Pero sí implica entender que el socialismo es de abajo o no es; es del pueblo o no lo defiende nadie. Quien no construye una base social amplia, que lo sustente más allá de la retórica, termina siendo vulnerable a las imposiciones —externas o internas— que la historia ha demostrado una y otra vez. Nicolás Scarón ———————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————- VIDEO DEL PROPIO HUGO CHÁVEZ ANALIZANDO ESTA SITUACIÓN UTILIZANDO UNA CARTA QUE EL ANARQUISTA PEDRO KROPOTKIN LE MANADARA A LENNIN EN 1920 A SOLO TRES AÑOS DEL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN RUSA.
La resistencia social rompe el consenso petrolero
La masiva movilización impulsada por la organización ambientalista Un mar libre de petroleras logró instalar el debate sobre la exploración petrolera en el mar territorial uruguayo en un nivel que hasta ahora había sido deliberadamente evitado. Lejos de tratarse de una protesta testimonial, la convocatoria expuso una oposición social sólida y transversal frente a un proyecto que el gobierno presenta como oportunidad estratégica, pero que avanza sin controles efectivos ni garantías ambientales claras. Mientras el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, insiste en minimizar los riesgos asegurando que las perforaciones se detendrían ante la eventual presencia de fauna marina, el Estado uruguayo continúa abriendo sus aguas a empresas norteamericanas y europeas bajo un esquema de supervisión laxo y con escasa transparencia pública. La narrativa oficial apuesta a la promesa de inversión y desarrollo, aunque evita discutir los impactos acumulativos, los antecedentes internacionales y la limitada capacidad real de fiscalización del país. Lo novedoso del escenario actual no es solo el contenido del reclamo, sino su escala y persistencia. La oposición al proyecto comienza a articularse como pocas veces se ha visto en Uruguay frente a iniciativas extractivas de gran porte, rompiendo un consenso político que durante décadas presentó la búsqueda de petróleo como un destino inevitable. La movilización ambiental no solo cuestiona un emprendimiento puntual, sino una lógica de subordinación que coloca al territorio y al ambiente como variables de ajuste frente a intereses corporativos externos. Suscribite a La noticia es otra, el programa de Reactiva Contenidos donde analizamos los conflictos ambientales, económicos y políticos más allá del discurso oficial. 👁 visitas
DECLIVE Y DESTRUCCIÓN
En un contexto de aumento de la desocupación, presión inflacionaria y un dólar cada vez más frágil frente a otras monedas, Estados Unidos ensaya maniobras políticas y comunicacionales destinadas a ganar tiempo ante un deterioro que ya no logra ocultar. La economía estadounidense aparece como la primera ficha de un dominó global: la dependencia del sistema financiero internacional de los bonos del Tesoro, el endeudamiento estructural y la pérdida de legitimidad política configuran un escenario de alta inestabilidad que impacta también en países como Uruguay, profundamente atados a esa arquitectura financiera. En ese marco, la política exterior funciona como válvula de escape. La prolongación indefinida de los conflictos en Gaza y Ucrania, la amenaza latente sobre Irán y la reactivación del foco venezolano responden menos a estrategias de resolución que a la necesidad de sostener equilibrios internos en Estados Unidos de cara a las elecciones de medio término. La supervivencia política de Donald Trump aparece así como un problema sistémico: no se trata solo de un liderazgo personal, sino del instrumento que el propio sistema necesita para seguir aplicando políticas impopulares sin perder cohesión. Israel queda atrapado en esa misma lógica. Benjamin Netanyahu, sostenido artificialmente por Washington, enfrenta el desgaste de una base electoral que se le desarma por todos los flancos. Los colonos reclaman promesas incumplidas, los sectores ultraortodoxos resisten la conscripción militar y el ejército sufre una merma crítica de efectivos tras meses de ofensiva en Gaza. Incapaz de expulsar o exterminar a la población palestina, el gobierno israelí aplica el máximo daño posible: racionamiento extremo de la ayuda humanitaria, destrucción de la infraestructura sanitaria y bloqueo sistemático de cualquier posibilidad de reconstrucción, lo que proyecta una hambruna catastrófica con especial impacto en niños, mujeres y ancianos. El genocidio se prolonga no por su eficacia, sino por su utilidad política. Netanyahu gobierna al día, acumulando derrapes diplomáticos y provocaciones, mientras Estados Unidos comienza a evaluar cómo preservar el proyecto israelí sin quedar atado a un primer ministro que se ha convertido en un pasivo. La pérdida de apoyos internacionales, la erosión interna y el creciente rechazo incluso en sectores históricamente alineados con Israel marcan un punto de inflexión. Nada de esto ocurre en el vacío. La abstención de Rusia y China en instancias clave, el alineamiento oportunista de gobiernos árabes y la lógica de negocios que atraviesa cada posicionamiento confirman que no hay moral en juego, sino intereses. El resultado es un mundo sostenido en equilibrios precarios, donde las potencias intentan administrar su declive trasladando el costo a las periferias y a las poblaciones más vulnerables. En este escenario de descomposición global, las guerras no buscan ganarse ni cerrarse: buscan estirarse. Y en ese estiramiento, el daño ya es irreversible. Suscribite a La noticia es otra, el programa de Reactiva Contenidos donde analizamos la actualidad internacional sin el relato oficial.
La nueva doctrina de seguridad de Estados Unidos blanquea el imperialismo sin eufemismos
Anunciada con despliegue mediático y presentada como un giro estratégico, la nueva doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos no introduce rupturas sustantivas respecto a su tradición histórica. Lo que sí marca una diferencia es el tono: por primera vez en décadas, el documento abandona de forma explícita el lenguaje de la “democracia”, la “libertad” o los “valores universales” como justificación de su política exterior. Lejos de inaugurar una etapa novedosa, la doctrina explicita lo que antes se disimulaba. Estados Unidos asume sin rodeos que su política de seguridad está orientada exclusivamente por la defensa de sus intereses nacionales, entendidos como intereses del capital estadounidense en un contexto de transición del poder mundial. No se trata de llevar ningún modelo político al resto del planeta, sino de administrar el repliegue relativo de una potencia en decadencia frente al ascenso chino. El llamado “realismo estratégico” que abre el documento no es otra cosa que el abandono del eufemismo. La reindustrialización y la supremacía tecnológica aparecen como pilares de la seguridad nacional, pero no con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora estadounidense, sino de reorganizar cadenas de valor bajo control de grandes conglomerados y disputar la hegemonía industrial y tecnológica a China. La doctrina también redefine el uso del poder. La disuasión integrada combina herramientas militares, económicas, tecnológicas y financieras, otorgando un rol central a las sanciones, los bloqueos y el control de recursos estratégicos. Aunque presentadas como mecanismos no bélicos, estas políticas han demostrado ser profundamente violentas, con impactos directos sobre poblaciones civiles, especialmente en países del Sur Global. En paralelo, el Indo-Pacífico es consagrado como eje central de la estrategia global, confirmando que el verdadero antagonista no es ideológico ni cultural, sino económico. China no es presentada como una amenaza a la “libertad”, sino como un competidor estructural por mercados, tecnologías y control logístico. En ese marco, Europa pierde centralidad y la OTAN queda desplazada como prioridad estratégica. La doctrina también amplía el concepto de seguridad interna, incorporando migración, fronteras, crimen transnacional y estabilidad económica. Lejos de abordar las causas estructurales de la crisis social estadounidense, el Estado opta por militarizar su gestión, profundizando el control policial y la coerción como respuesta al deterioro interno del capitalismo. Más que una novedad, el documento representa un sinceramiento. El imperialismo estadounidense deja de vestirse con discursos morales y se muestra como lo que siempre fue: una política de Estado orientada a sostener la acumulación de capital, ahora en un escenario global más adverso y sin necesidad de fingir altruismo. Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos, investigaciones y editoriales sobre política internacional y poder global, suscribite a La noticia es otra.
AFFUR propone al PIT-CNT romper vínculos con la Histadrut por su rol en el entramado del Estado israelí
La Asociación de Funcionarios de la Universidad de la República (AFFUR) llevó a la última Mesa Representativa del PIT-CNT una propuesta de alto impacto político: romper relaciones con la Histadrut, la central sindical israelí con la que el movimiento sindical uruguayo mantiene vínculos formales. La iniciativa parte de una caracterización que cuestiona de raíz la idea de la Histadrut como un “par sindical”. Fundada en 1920, décadas antes de la creación formal del Estado de Israel, la Histadrut no solo organizó trabajadores, sino que se convirtió en propietaria de empresas, fábricas y servicios públicos, llegando a ser durante largos períodos el mayor empleador del país. Ese rol económico y político la integró de manera directa al proyecto sionista y a la arquitectura estatal que se consolidó tras la Nakba. Desde sus orígenes, la Histadrut promovió una lógica de exclusión sistemática de la población palestina del mercado laboral, impulsando el llamado “trabajo judío” en detrimento del trabajo árabe. Documentos históricos y testimonios de sus propios dirigentes dan cuenta de boicots a comercios palestinos, acciones directas para impedir su contratación y prácticas abiertamente racistas que hoy son reconocidas como parte constitutiva de un régimen de apartheid. AFFUR sostiene que esa matriz no solo no fue revisada, sino que se proyecta hasta el presente. La Histadrut, lejos de constituirse en un actor crítico frente a la ocupación y el genocidio en curso contra el pueblo palestino, forma parte del entramado institucional que lo sostiene. En ese marco, el planteo no se dirige al Estado uruguayo ni a su política exterior, sino a la responsabilidad específica del movimiento sindical organizado. El debate abre una fisura incómoda en el PIT-CNT. Mantener vínculos con una organización que, según la denuncia, legitima y ejecuta políticas de segregación racial y despojo, coloca a la central sindical uruguaya ante una definición histórica. No se trata de una diferencia diplomática ni de matices ideológicos, sino de decidir si la solidaridad internacional de la clase trabajadora tiene límites cuando se enfrenta a un Estado colonial y a sus instituciones. Romper con la Histadrut implicaría asumir que no todas las organizaciones que se presentan como sindicales representan intereses de clase universales, y que algunas cumplen funciones estructurales en sistemas de opresión. La propuesta de AFFUR instala esa discusión en el corazón del movimiento sindical uruguayo, en un momento en que el genocidio contra el pueblo palestino ya no admite zonas grises. Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos y coberturas sobre política, poder y movimientos sociales, suscribite a La noticia es otra.
Gaza: inundaciones, hambre y una catástrofe humanitaria que seguirá profundizándose
Las inundaciones que atraviesa Gaza en estas horas se suman a un escenario humanitario ya devastado por más de dos años de asedio, bombardeos y destrucción sistemática. Barrios enteros arrasados, campamentos improvisados sin drenaje ni refugio adecuado y la imposibilidad de reconstruir convierten cada lluvia en una amenaza mortal. Las muertes por hipotermia registradas en los últimos días no son un accidente climático. Son una consecuencia directa de la destrucción deliberada de viviendas, hospitales, redes de saneamiento y suministro eléctrico. En Gaza, el colapso no es natural: es inducido. A este cuadro se suma una hambruna que continúa desarrollándose de forma planificada. El ingreso de ayuda humanitaria sigue siendo estrictamente controlado por Israel, con un promedio de camiones muy por debajo de lo necesario para una población sometida durante meses a la inanición. La escasez extrema de alimentos, combinada con la falta de agua potable y atención sanitaria, golpea con particular crudeza a niñas y niños. En ese contexto, no hay margen para la duda: en los próximos meses las redes sociales se poblarán de imágenes de cuerpos infantiles consumidos por el hambre. No será un fenómeno repentino ni inesperado, sino la continuación de un proceso que ya está en marcha y que ha sido advertido reiteradamente por organismos humanitarios. Mientras se habla de ceses del fuego, el ejército israelí continúa demoliendo manzanas enteras durante supuestas pausas militares, impide el ingreso de materiales básicos como el cemento y mantiene el bloqueo sobre pasos clave como Rafah. No hay reconstrucción posible ni horizonte de vida digna bajo estas condiciones. La catástrofe en Gaza no se limita al presente inmediato. El hambre, las enfermedades, la destrucción del sistema educativo y sanitario y el trauma colectivo dejarán secuelas que marcarán a generaciones enteras. El genocidio no termina cuando cesan las bombas: sus efectos se proyectan en el tiempo, moldeando un futuro de sufrimiento impuesto. Lo que hoy ocurre en Gaza no es una tragedia inevitable ni una crisis humanitaria más. Es el resultado de decisiones políticas concretas, sostenidas en el tiempo, que están empujando deliberadamente a una población entera al borde de la supervivencia. 📩 Suscribite a La noticia es otra Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos, coberturas y editoriales sobre política internacional y derechos humanos, suscribite al programa La noticia es otra.
La interna del Frente Amplio gana volumen y expone tensiones con el rumbo económico del gobierno
Una nueva instancia de “Frenteamplistas tenemos que hablar” multiplicó casi por seis su audiencia por streaming y volvió a canalizar el malestar militante con la política económica del gobierno, mientras los principales sectores críticos enfrentan la presión de sus bases y los compromisos asumidos con el proyecto que hoy gobierna Uruguay. Militancia en movimiento, dirigencias en tensión La interna del Frente Amplio tuvo en las últimas horas una nueva expresión pública a través de otra instancia de “Frenteamplistas tenemos que hablar”. El dato político central no fue solo el contenido de las intervenciones, sino el crecimiento del fenómeno: más de seis mil personas siguieron la transmisión por streaming, casi seis veces más que en el primer encuentro. La masividad virtual confirmó que no se trata de un episodio aislado ni de una discusión de nicho. Las críticas, que apuntaron especialmente a la política económica liderada por el ministro Oddone, fueron no solo escuchadas sino explícitamente avaladas por una audiencia militante que se reconoce parte del proyecto frenteamplista, pero que no se siente representada por varias de las decisiones adoptadas desde el gobierno. En ese marco, volvió a aparecer una tensión que atraviesa hoy a buena parte de la izquierda gobernante: cómo procesar el desacuerdo interno sin romper la disciplina política que exige la gestión del Estado. Para los sectores y dirigentes más críticos, el escenario es incómodo. Por un lado, enfrentan el reclamo de sus bases, que demandan mayor firmeza frente a políticas que perciben como continuidades del modelo anterior. Por otro, cargan con compromisos explícitos de adhesión al proyecto de gobierno que integran y sostienen. Las intervenciones difundidas durante el encuentro dejaron en evidencia que el malestar no se limita a diagnósticos abstractos. Se expresó en cuestionamientos concretos sobre jubilaciones, pobreza infantil, conflictos laborales y la relación del gobierno con el movimiento sindical. La crítica no vino desde afuera del Frente Amplio, sino desde su propio entramado militante y social. Este tipo de instancias funcionan, además, como termómetro político. La creciente participación sugiere que existe una demanda insatisfecha de debate real, más allá de los ámbitos orgánicos tradicionales. También deja al descubierto una dificultad de las estructuras partidarias para absorber y canalizar esas discusiones sin que se desplacen hacia espacios paralelos. La escena plantea un desafío de fondo: gobernar sin clausurar la crítica y, al mismo tiempo, sostener la cohesión política en un contexto de expectativas frustradas. La discusión ya no ocurre en voz baja ni en los pasillos. Ocurre en público, se transmite en vivo y convoca a miles. La distancia entre la militancia que pide cambios y las dirigencias que administran equilibrios empieza a ser uno de los ejes centrales de la etapa política que atraviesa el Frente Amplio. 📩 Suscribite a La noticia es otra Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos y coberturas sobre política, poder y movimientos sociales, suscribite al programa La noticia es otra.
Gaza: entre inundaciones y muerte, la vida que resiste
La vida que se abre paso entre las ruinas En estas horas, la Franja de Gaza vuelve a ser escenario de una tragedia silenciosa. Las lluvias intensas y la destrucción casi total de la infraestructura urbana provocaron inundaciones en campamentos y zonas devastadas por los bombardeos. Sin refugios adecuados, sin electricidad y con un sistema sanitario colapsado, personas —especialmente niñas, niños y adultos mayores— están muriendo por hipotermia. Estas muertes no son hechos aislados ni consecuencias «naturales» del clima. Son parte directa del genocidio que el Estado de Israel ejecuta contra la población palestina: la destrucción deliberada de viviendas, hospitales, universidades y redes básicas convierte cada fenómeno climático en una amenaza letal. Sin embargo, en medio de ese escenario extremo, emergen imágenes que conmueven y descolocan. En los últimos días circularon videos que muestran bodas colectivas celebradas entre escombros y jóvenes realizando saltos en moto en calles destruidas. No se trata de una postal de normalidad ni de negación del horror, sino de expresiones profundas de resistencia. Casarse en Gaza es hoy un acto político. Israel prohíbe el ingreso de vestidos de novia y de múltiples bienes simbólicos y culturales. Celebrar una boda, formar una familia y proyectar futuro en medio del exterminio es una afirmación radical de existencia: seguimos acá, seguimos vivos, seguimos siendo pueblo. Lo mismo ocurre con esas escenas de juventud que desafían la lógica del sometimiento absoluto. En un territorio asediado desde hace años, donde antes de octubre de 2023 ya existían niveles alarmantes de pobreza y desnutrición, sostener prácticas culturales, deportivas o festivas no es frivolidad: es una forma de no dejarse quebrar. Desde hace décadas, la sociedad palestina desarrolla mecanismos de resiliencia que combinan dignidad, solidaridad comunitaria y una fuerte defensa de la vida cotidiana. Durante los bombardeos, hubo bodas, clases improvisadas en carpas, estudiantes que se recibieron pese a la destrucción de sus universidades y docentes que siguieron enseñando aun bajo amenaza constante. Frente a un proyecto de aniquilación, la persistencia de la vida es también una forma de lucha. Gaza hoy es, al mismo tiempo, el lugar del horror más extremo y el de una resistencia que no se expresa solo con armas, sino con gestos cotidianos que desafían la pretensión de borrar a un pueblo entero. La resistencia palestina también se expresa en la defensa de la vida cotidiana, la dignidad y el futuro, incluso en medio del genocidio. 📩 Suscribite a La noticia es otra Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos, coberturas y editoriales sobre política internacional y derechos humanos, suscribite al programa La noticia es otra.