La agrupación 21 de Junio de la Facultad de Humanidades denuncia que la Universidad de la República sostiene desde 1985 un Convenio Marco con la Universidad de Tel Aviv, a pesar de que el propio Consejo Directivo Central reconoció en 2025 la existencia de un riesgo grave de genocidio contra la población palestina. Una contradicción institucional La agrupación 21 de Junio de la Facultad de Humanidades denunció públicamente que la Universidad de la República (Udelar) mantiene vigente un Convenio Marco con la Universidad de Tel Aviv, firmado en 1985 por el entonces rector Samuel Lichtensztejn. Según la denuncia, la permanencia de ese acuerdo contradice resoluciones recientes adoptadas por los propios órganos de gobierno universitario. En particular, la agrupación recuerda que el Consejo Directivo Central (CDC), mediante su Resolución Nº 3 del 8 de abril de 2025, reconoció «la existencia de un riesgo grave de genocidio contra la población palestina», en línea con lo establecido por la Corte Internacional de Justicia. A ello se suma, señalan, el reconocimiento del régimen de segregación racial y apartheid en los territorios palestinos ocupados y la destrucción casi total del sistema universitario en Gaza. Pese a este posicionamiento institucional, el convenio con la Universidad de Tel Aviv continúa formalmente vigente. De acuerdo con la información difundida por la agrupación, entre 2020 y 2025 el acuerdo no registró actividad académica ni intercambios efectivos, lo que refuerza la lectura de que su mantenimiento responde principalmente a una señal política. Desde 21 de Junio advierten que sostener vínculos institucionales con universidades israelíes no es un gesto neutral. Por un lado, implica un respaldo simbólico a un Estado denunciado internacionalmente por cometer crímenes graves contra la población civil palestina. Por otro, señalan que el sistema universitario israelí mantiene una relación estrecha con el desarrollo tecnológico y armamentístico del Estado de Israel, lo que vuelve particularmente sensible cualquier cooperación académica. La denuncia también subraya que el fortalecimiento de estos vínculos se intentó reactivar a partir de 2023, en pleno desarrollo de la ofensiva militar sobre Gaza, lo que profundiza la contradicción entre el discurso institucional de la Udelar y sus prácticas efectivas. En ese marco, la agrupación reclama la rescisión inmediata del convenio con la Universidad de Tel Aviv y exhorta a la Udelar a alinear sus relaciones internacionales con las resoluciones adoptadas por sus órganos de cogobierno y con los principios de derechos humanos que históricamente dice defender. La vigencia de acuerdos académicos con Israel expone una contradicción entre el posicionamiento formal de la Udelar frente al genocidio en Gaza y sus prácticas institucionales concretas. 📩 Suscribite a La noticia es otra Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos, investigaciones y editoriales sobre política, universidad y derechos humanos, suscribite al programa La noticia es otra.
La concentración también domina las redes sociales en Uruguay
Un gráfico difundido por Gustavo Gómez, director de OBSERVACOM, muestra que el uso de redes sociales en Uruguay está fuertemente concentrado en pocas plataformas. La lógica de los monopolios no se limita a los medios tradicionales y plantea nuevos desafíos para la democracia y el debate público. Redes concentradas, poder concentrado Un gráfico divulgado en la red X por Gustavo Gómez, referente del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia (OBSERVACOM), volvió a poner sobre la mesa una discusión clave: en Uruguay, la concentración de medios también se reproduce en el ecosistema digital. Los datos muestran un comportamiento singular respecto a otros países. El 98% de los usuarios de redes sociales en Uruguay utiliza WhatsApp, seguido por Facebook con un 76% e Instagram con un 69%. Las tres plataformas pertenecen al mismo conglomerado empresarial, Meta, lo que evidencia una altísima concentración del acceso, la circulación de información y la interacción social en manos de un único actor privado. Más atrás aparece YouTube, con un 54% de penetración. El dato relativiza la idea de masividad asociada a esta plataforma: casi la mitad de la población uruguaya no la utiliza. Sin embargo, su peso específico es alto debido a la intensidad y el tiempo de consumo de quienes sí la usan. El caso de X resulta especialmente revelador. Apenas el 24% de los uruguayos tiene cuenta en esa red, pese a que allí se concentra gran parte del debate político, mediático y dirigencial. La desproporción entre su bajo alcance poblacional y su enorme influencia pública expone la existencia de una burbuja política altamente activa, pero socialmente reducida. Este fenómeno no es nuevo. Algo similar ocurre con los informativos de televisión o ciertos programas radiales de referencia: audiencias relativamente pequeñas que, sin embargo, concentran a dirigentes políticos, sindicales, empresarios y formadores de opinión. X amplifica esa lógica y la retroalimenta en tiempo real. La concentración en redes también cuestiona la idea de una supuesta libertad plena en el espacio digital. Así como ocurrió históricamente con los medios tradicionales, las plataformas son empresas con intereses comerciales concretos, que controlan algoritmos, flujos de visibilidad y condiciones de acceso. La comunicación alternativa no se produce fuera de estas estructuras, sino —en gran medida— dentro de ellas. El gráfico difundido por OBSERVACOM deja en evidencia que discutir la concentración mediática hoy exige ampliar la mirada: no alcanza con analizar radios, diarios o canales de televisión. El poder comunicacional, en Uruguay, también está profundamente centralizado en las redes sociales. La concentración del poder comunicacional se reproduce y se profundiza en el ecosistema digital, desafiando la idea de pluralismo y libertad en las redes sociales. 📩 Suscribite a La noticia es otra Este contenido forma parte del trabajo periodístico de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis críticos y miradas propias sobre política, medios y poder, suscribite al programa La noticia es otra.
Compra de patrullas oceánicas: crecen las denuncias por irregularidades y posible perjuicio millonario al Estado
La cancelación de una licitación internacional, la posterior compra directa a un astillero de Vigo sin antecedentes en este tipo de embarcaciones, adelantos de pago atípicos y garantías cuestionadas reavivan las sospechas sobre una operación que compromete al pasado gobierno, a la Armada Nacional y a la empresa adjudicataria. La operación bajo la lupa La compra de patrullas oceánicas para la Armada Nacional se consolidó como uno de los principales focos de controversia política e institucional en Uruguay. Lejos de tratarse de un diferendo técnico, el proceso expone decisiones adoptadas durante el pasado gobierno que hoy son señaladas como potencialmente lesivas para el interés público. Uno de los elementos más cuestionados es la cancelación de una licitación internacional en la que participaron empresas con experiencia comprobada en la construcción de patrullas oceánicas. Según se ha planteado en el debate parlamentario y mediático, ese proceso fue dado de baja sin una explicación pública suficiente, pese a que existían ofertas que cumplían con los requisitos técnicos, económicos y de plazos. Tras esa decisión, el Estado avanzó en una compra directa a un astillero radicado en Vigo, España. De acuerdo con información citada públicamente, la empresa no contaría con habilitación ni antecedentes en la fabricación de este tipo específico de embarcaciones, un dato que agrava las dudas sobre la razonabilidad de la adjudicación. A este cambio de modalidad se sumó un esquema de pagos inusual para una operación de esta magnitud. Se denunció que la Armada Nacional realizó adelantos significativos: el 50% del valor de una primera patrulla aún no finalizada y un 10% de una segunda cuya construcción ni siquiera estaría claramente iniciada. También se cuestiona la validez de las garantías presentadas, señalándose que una de ellas no existiría y que otra sería apócrifa. Otro punto crítico es la autonomía otorgada a la Armada para efectuar los pagos, una excepción a los controles civiles habituales en compras de equipamiento militar estratégico. Para distintos analistas y legisladores, este diseño institucional no solo expuso al Estado a riesgos financieros, sino que revela un problema estructural en el control político de las Fuerzas Armadas. En ese marco, las acusaciones más duras apuntan a una convergencia de intereses entre jerarcas del pasado gobierno, mandos de la Armada y la empresa adjudicataria, configurando lo que algunos definen directamente como una estafa millonaria al Estado. Si bien la determinación de responsabilidades corresponde a los organismos de control y a la Justicia, el caso volvió a instalar el debate sobre la histórica opacidad de las compras militares en Uruguay. 📩 Suscribite a La noticia es otra Este trabajo forma parte del periodismo de Reactiva Contenidos. Para recibir análisis, investigaciones y editoriales críticas sobre la política y la economía uruguaya, suscribite al programa La noticia es otra.
El Senado aprueba por unanimidad un plan para envenenar cotorras y asigna al Ejército la tarea de recolectar los animales muertos
El senador nacionalista Sebastián Da Silva anunció y celebró la votación por unanimidad en el Senado de un proyecto que autoriza al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) a aplicar veneno para aniquilar cotorras de campo, mientras efectivos del Ejército Nacional serán los encargados de recoger los animales muertos y embolsarlos en nylon para evitar daños colaterales en vecinos, fauna silvestre y mascotas. En una primera etapa, los cebos envenenados serán colocados en los departamentos de Canelones, San José y Maldonado. La medida, presentada por Da Silva y respaldada por todos los partidos, establece un sistema de control basado en la dispersión de cebos tóxicos por parte del MGAP, que provocarán la muerte masiva de las cotorras. Dado que estos animales suelen ser consumidos por aves rapaces, perros u otros carroñeros —lo que multiplicaría el impacto ambiental del veneno— el proyecto encomienda al Ejército la tarea de “neutralizar el riesgo”: recorrer los predios afectados, levantar los cadáveres y embolsarlos para su posterior disposición final, cuyo método no fue detallado públicamente. Da Silva destacó la “solución histórica” que, según dijo, beneficiará a miles de pequeños productores del cinturón hortifrutícola, para quienes la cotorra es una de las principales plagas que afectan frutales y huertas. Sin embargo, organizaciones ambientalistas advirtieron que el plan ignora alternativas de manejo no letal y que la utilización de venenos puede provocar un “daño ecológico severo” sobre especies nativas, especialmente aves de rapiña y animales domésticos. El proyecto también reavivó el debate sobre el rol del Ejército en democracia. Analistas señalan que la medida vuelve a utilizar a las Fuerzas Armadas como fuerza de trabajo para tareas civiles de bajo nivel, en un intento por justificar su estructura y su presupuesto en tiempos de paz. La imagen del personal militar recorriendo campos para recoger cotorras envenenadas con guantes y bolsas de nylon fue calificada por especialistas como “insólita”, “improvisada” y “propia de un país que retrocede a prácticas de hace un siglo”. En paralelo, técnicos rurales recordaron que una parte importante de la proliferación de cotorras está vinculada a la expansión del monocultivo forestal, que ofrece condiciones ideales para que la especie anide en grandes volúmenes. El plan aprobado no contempla medidas estructurales para abordar ese desequilibrio ecológico. La iniciativa, presentada como una respuesta urgente, abre múltiples interrogantes ambientales, sanitarios y políticos: desde el impacto del veneno en ecosistemas y mascotas hasta la falta de protocolos claros sobre qué se hará con las miles de bolsas con animales muertos que el Ejército deberá recolectar. Suscribite a La noticia es otra — Reactiva Contenidos Para recibir más investigaciones, análisis y seguimiento político semanal.
Las declaraciones de Julio Ríos exponen la cultura de la violación instalada en el fútbol uruguayo
Las reacciones del periodista deportivo Julio Ríos ante la condena por violación del jugador de Peñarol Diego García en Argentina reabrieron un debate incómodo y estructural: la cultura de la violación que atraviesa al fútbol uruguayo y que sostiene tanto las prácticas más aberrantes como los discursos que las justifican. Aunque Ríos es una figura despreciada transversalmente por personas de cualquier espectro ideológico con un mínimo de lucidez, sus palabras en caliente —lamentando la “desgracia” del violador y omitiendo toda referencia a la víctima— permiten observar cómo opera ese entramado cultural. La sentencia argentina condenó a García a seis años y ocho meses de prisión por violar a una joven jugadora de hockey en La Plata. Pese a la gravedad del crimen, parte de la cobertura deportiva local se concentró en “el golpe para el jugador” y “la pérdida para Peñarol”, un enfoque que invisibiliza sistemáticamente a la víctima y coloca al agresor como sujeto de compasión. En contraste, la Comisión de Género de Peñarol había advertido meses antes la improcedencia de contratarlo y solo logró que se incorporara una cláusula que rescindiera su vínculo en caso de condena firme. Las expresiones de Ríos en Radio El Espectador, secundadas por otros panelistas, exhibieron la naturalización del violador como figura “protegible” dentro del ecosistema futbolístico. Lejos de un error aislado, especialistas señalan que esta actitud responde a un marco más profundo: dirigentes, comunicadores y jugadores que reproducen discursos de culpabilización de las víctimas, justifican silencios internos y minimizan sistemáticamente los delitos sexuales cometidos por colegas o ídolos deportivos. Según el análisis realizado en el programa de Reactiva Contenidos, la permanencia de comunicadores como Ríos —que llegan a los medios con carteras de avisadores más que con méritos periodísticos— es un elemento que refuerza esta cultura. Su presencia habla de decisiones empresariales conscientes: no es casual que figuras que relativizan violaciones sean contratadas, promovidas o mantenidas en espacios de alta audiencia, donde reciben información privilegiada de clubes y sponsors. El debate también reveló otra dimensión central: la reacción masculina típica que “rechaza la violación porque tiene hijas, mujeres, hermanas”, un argumento que el feminismo ha señalado como sintomático de una cultura que no reconoce a las mujeres como sujetas de derechos, sino solo como extensiones familiares propias. Esta forma de defensa, lejos de cuestionar el núcleo del problema, reproduce el mismo marco que permite sostener la estructura de tolerancia hacia los agresores. La discusión expuesta esta semana confirma algo que las organizaciones feministas y sectores críticos vienen advirtiendo desde hace años: para que una violación ocurra no basta un individuo violento, se necesita un entorno que lo legitime, lo proteja y lo justifique. Y en el fútbol uruguayo —como en tantos otros ámbitos masculinizados— ese entorno existe, está arraigado y se expresa tanto en prácticas como en discursos públicos. Suscribite a La noticia es otra — Reactiva Contenidos Para recibir más investigaciones, análisis y seguimiento político semanal.
El escándalo de las vacas rechazadas vuelve a golpear la imagen ganadera de Uruguay en medio de versiones cruzadas y silencio oficial
Lo que podría tomarse como un simple culebrón ganadero es, en el propio relato de los gobiernos de las últimas décadas, un drama nacional. En un país que tiene más vacas que personas y cuya imagen internacional se sostiene en buena medida en la exportación de ganado, Uruguay protagonizó este año dos episodios que dañaron severamente la credibilidad de su sector: la mayor estafa de la historia con Conexión Ganadera y, ahora, el papelón internacional de las tres mil vacas que Turquía rechazó por supuestos problemas sanitarios y que terminaron descargándose en Libia. La operación comenzó como una venta estándar: un exportador uruguayo despachó 3.000 animales con destino a Turquía, pese a que el acuerdo original contemplaba 4.000. Según declaró el propio empresario a medios rurales, el importador turco pidió a último momento un certificado sanitario con destino Marruecos y solicitó absoluto silencio sobre el cambio. Horas después, el barco modificó su ruta y terminó detenido frente a las costas libias, sin que Uruguay recibiera confirmación alguna del comprador. El Ministerio de Ganadería desmintió que hubiera irregularidades en los controles, pero Turquía justificó el rechazo del ganado señalando problemas sanitarios, la misma explicación que replicaron medios internacionales como France 24 y la prensa argentina. En ese punto empieza la zona gris: ni el exportador uruguayo, ni el gobierno, ni el propio embajador turco aportaron una versión completa y verificable. Incluso se denunció que unas 300 vacas habrían sido arrojadas al mar, práctica ilegal que impide cualquier análisis forense sobre causas de muerte. El episodio escaló cuando el ganado, en vez de regresar a Uruguay o ingresar a Marruecos —uno de los países firmantes de los Acuerdos de Abraham y comprador reciente de armamento israelí— apareció descargado en Libia, un territorio marcado por colapso institucional y circuitos opacos donde, según especialistas, suelen operar triangulaciones comerciales y militares vinculadas a varios conflictos regionales. Esa deriva alimentó sospechas sobre el destino final de los animales y sobre los verdaderos motivos del rechazo turco, en un contexto internacional dominado por la guerra en Gaza y tensiones políticas entre Turquía, Israel y sus aliados. Lo que sí está claro es la falta de reacción del gobierno uruguayo ante un episodio que afecta directamente la reputación del país como proveedor confiable de ganado. La docilidad oficial frente a la versión turca contrasta con el impacto reputacional de aparecer en la prensa mundial como un exportador con problemas sanitarios y controles difusos. Operadores cárnicos consultados advierten que estos errores, sumados a la incompetencia histórica en la comercialización externa, ponen en riesgo no solo la exportación de ganado en pie, sino también la carne faenada. Mientras el Ministerio guarda silencio, crece la percepción de que alguien miente —o que muchos lo hacen— en una cadena donde intervienen gobiernos, empresas, embajadas y puertos en países donde la transparencia es un lujo. El resultado: Uruguay vuelve a quedar atrapado en un escándalo ganadero que mancha su principal activo económico y que, como admiten especialistas del propio sector, “ni en el contrabando más oscuro se maneja con este nivel de desprolijidad”. Suscribite a La noticia es otra — Reactiva Contenidos Para recibir investigaciones, análisis y seguimiento político semanal.
Topolansky minimiza la venta de M24 tras una operación de trolls del MPP y la pérdida de 42 puestos de trabajo
Luego de asumir la propiedad de M24, hecho que dirigentes del MPP intentaron negar durante las primeras horas mediante una operación coordinada en redes con un volumen de trolls pocas veces visto en la izquierda uruguaya, la ex vicepresidenta y referente histórica del sector, Lucía Topolansky, salió a los medios a desdramatizar la venta de la emisora y el cierre de la fuente laboral de 42 trabajadores que hasta días atrás se consideraban “compañeros” del propio movimiento político. Según fuentes internas consultadas por Reactiva Contenidos, la estrategia inicial del MPP consistió en desacreditar toda información vinculada a la operación de compraventa y cuestionar públicamente a quienes difundían los datos, incluso cuando la documentación de la transferencia ya había sido registrada y confirmada por personas vinculadas a la emisora. La desmentida, sin embargo, duró apenas horas, y la postura del sector giró hacia una defensa política de la transacción. Topolansky sostuvo que la venta de M24 “no debería dramatizarse”, pese a que 42 personas quedaron sin empleo y pese a que la emisora había sido históricamente presentada por el propio MPP como un proyecto político–comunicacional estratégico. La dirigente afirmó que “los medios cambian de manos todo el tiempo”, pero evitó referirse al impacto social y simbólico que implica el cierre de un espacio que, durante más de una década, albergó voces críticas, trabajadores sindicalizados y programación orientada a movimientos sociales. La situación generó sorpresa en sectores del Frente Amplio y del movimiento sindical, que señalaron la contradicción entre la defensa discursiva de los derechos laborales y el silencio ante un despido colectivo ocurrido bajo la órbita política del propio espacio. Diferentes organizaciones de prensa recordaron que la pérdida de la fuente laboral afecta directamente a periodistas, técnicos, productores y comunicadores que incluso participaron activamente en campañas electorales del FA y del MPP. El episodio vuelve a colocar en debate la relación entre poder político, propiedad de medios y responsabilidad social, en un contexto donde los trabajadores quedaron al margen de cualquier negociación y sin respaldo público del sector que históricamente se definió como su aliado. Suscribite a La noticia es otra — Reactiva Contenidos Para recibir más investigaciones, análisis y seguimiento político de los principales temas de la semana.
Empresarios uruguayos y sus vínculos con Israel: la investigación que revela un entramado histórico y beneficios en pleno genocidio
La reciente intervención pública de la empresa Centenario, al retirar su patrocinio a agrupaciones carnavaleras por su postura sobre Gaza, expuso un escenario político inusual en Uruguay: por primera vez en muchos años, una empresa decide intervenir abiertamente en el debate público. Sin embargo, según la investigación presentada por Ismael Samandú, este episodio es apenas la superficie de un entramado histórico y profundo entre sectores del empresariado uruguayo y el Estado de Israel. De acuerdo con el trabajo, que se basa en documentación pública, registros institucionales y en la lista de millonarios uruguayos investigada por el semanario Brecha, varios empresarios locales mantienen vínculos estables con organizaciones sionistas y han desarrollado negocios crecientes con Israel, incluso en el actual contexto de genocidio contra el pueblo palestino. La investigación señala que estas conexiones incluyen participación en instituciones sionistas en Uruguay, relaciones políticas y comerciales con el Estado israelí y beneficios económicos derivados de exportaciones que aumentaron en los últimos años. La publicación detalla que este fenómeno se extiende a distintos rubros, pero advierte que el capítulo referido a frigoríficos —uno de los sectores con mayor volumen de negocios con Israel— es tan amplio y complejo que será abordado en una entrega posterior. Samandú sostiene que el análisis permite observar cómo parte del empresariado uruguayo no solo mantiene vínculos históricos con el Estado israelí, sino que se beneficia económicamente en medio del genocidio en Gaza. La investigación se difunde desde Montevideo y corresponde a la primera parte de un trabajo más extenso, cuyo objetivo es documentar de forma sistemática la relación entre poder económico uruguayo, intereses internacionales y el impacto político-cultural que estos vínculos tienen en el país. Suscripción Para recibir los próximos informes y análisis de Ismael Samandú, suscribite a La noticia es otra — Reactiva Contenidos.
Tráfico de personas, terrorismo y nuevas dinámicas del genocidio en Gaza
Durante la última semana surgieron denuncias que revelan una dimensión extremadamente grave del genocidio en Gaza: el desplazamiento forzado encubierto, mediante redes privadas de tráfico de personas que operan en coordinación con organismos israelíes.Según testimonios recogidos por organizaciones humanitarias, al menos 153 gazatíes fueron sacados contra su voluntad, sin documentación válida y obligados a pagar cerca de 2.000 dólares por persona a la empresa Almajd Europe, dirigida por Tomer Yanard Lind, un empresario estonio-israelí vinculado a las Fuerzas de Defensa de Israel.Los testimonios dan cuenta de raptos, coacción y engaños, sumados a la imposibilidad de retorno. Para analistas en derechos humanos, esto constituye una estrategia deliberada de vaciamiento demográfico, especialmente dirigida a sectores educados, técnicos y profesionales, lo que coincide con la definición de genocidio aplicada por Lemkin sobre “la alteración forzada del patrón biológico y social de un pueblo”. Una red clandestina y la sospecha de ingeniería demográfica El secretismo de las operaciones, su coordinación con la llamada “Oficina de Migración Voluntaria” —dependencia militar israelí— y el modo en que se selecciona a las víctimas aumentan la certeza de que el objetivo no es evacuar por seguridad, sino desmembrar a la sociedad palestina, separando familias y extrayendo recursos humanos clave. Tregua violada y escalada silenciosa: ataques, demolición y terrorismo Mientras se anunciaba un alto al fuego, los ataques israelíes continuaron en toda la franja: Bombardeos y demoliciones de viviendas en el este de Gaza. En Rafah, un pescador fue herido por fuego naval israelí. En Khan Yunis, fuego de artillería, municiones de humo y ataques aéreos simultáneos. En la ciudad de Gaza, explosiones masivas y disparos desde vehículos blindados. Uno de los aspectos más alarmantes es el uso de vehículos blindados cargados de explosivos, que funcionan como granadas de fragmentación gigantes, generando efectos de terror masivo sobre áreas civiles.Estos ataques —incompatibles con un cese al fuego— profundizan una política de desgaste sistemático. El polvo mortal: otra dimensión del exterminio La devastación ha liberado una nube continua de asbesto, una fibra altamente cancerígena.Niños, ancianos y trabajadores respiran sin protección un aire lleno de partículas que generan: Cáncer de pulmón Mesotelioma Enfermedades respiratorias crónicas Esto implica que el genocidio no es sólo inmediato, sino también de largo plazo, a través de enfermedades que aparecerán dentro de años o décadas. La ONU y la fuerza internacional: ¿pacificación o recolonización? La votación en el Consejo de Seguridad aprobó —con 13 votos a favor y abstención de Rusia y China— una propuesta impulsada por Estados Unidos para crear: Una Fuerza Internacional de Estabilización de 20.000 efectivos. Una policía local “capacitada” bajo supervisión externa. Un comité de tecnócratas palestinos sin legitimidad interna. El mandato explícito de destruir a Hamas y desarmar la resistencia. Qué implica esta votación La abstención de China y Rusia evita el titular buscado por Washington: “Se oponen a la paz”. La autoridad palestina apoyó la propuesta, pese a que supone ceder soberanía y fortalecer una administración impopular (con menos del 10% de apoyo en Cisjordania). Se abre la puerta a una intervención mercenaria internacional, con efectivos sin cohesión ni mando unificado. Un escenario altamente improbable militarmente Cualquier fuerza externa que ingrese a Gaza enfrentará: Terreno urbano favorable a la resistencia. Un aparato militar de Hamas que no ha sido derrotado, mantiene drones, francotiradores, emboscadas y cohetería. Riesgo de una guerra de desgaste que podría provocar cientos o miles de bajas en días. Esto alimenta otra hipótesis:crear un nivel de caos tal que “justifique” una intervención directa de EE.UU. o la OTAN, una idea impulsada por sectores neoconservadores. Hacia dónde va el conflicto Lo que se observa hoy en Gaza es una combinación de: Desplazamiento forzado selectivo Ataques dirigidos a destruir la capacidad de vida futura Intentos diplomáticos de internacionalizar la represión Tácticas de terrorismo y destrucción masiva Participación creciente de actores privados y mercenarios Todo ello muestra que el genocidio ha entrado en una fase nueva, menos visible pero más estructural: la reconfiguración total del territorio y la población palestina. Suscribite a “La noticia es otra” Recibí análisis, investigaciones y notas exclusivas: Reactiva Contenidos – La noticia es otra.
Ismael Samandú presenta los últimos datos sobre el genocidio en Gaza: la hambruna como táctica militar
En su actualización informativa, Ismael Samandú analiza la dramática situación en Gaza y cómo la hambruna inducida se transformó en la principal herramienta de sometimiento contra el pueblo palestino. Según los datos recientes —corroborados por organismos humanitarios, periodistas en territorio y testimonios recogidos por agencias internacionales— la cantidad de ayuda que Israel permite ingresar es mínima, esporádica y muy por debajo de lo comprometido en los acuerdos internacionales. Pero además, los camiones que sí entran lo hacen con alimentos de mala calidad, en mal estado o inapropiados para la población desnutrida, lo que constituye un agravante que especialistas en derecho internacional ya consideran un método deliberado de debilitamiento físico. El archivo que acompaña este informe detalla cómo en múltiples ocasiones la ayuda fue retenida, ralentizada o devuelta; cómo se confiscaron insumos básicos; y cómo las zonas más afectadas son justamente aquellas donde la ONU advirtió que existe riesgo de hambruna total. Mientras tanto, la infraestructura sanitaria está devastada y el acceso al agua potable sigue siendo mínimo, potenciando cuadros de deshidratación, enfermedades gastrointestinales y muerte por causas evitables. Samandú enfatiza un punto central: la hambruna no es un daño colateral, sino una política estructurada. Una táctica que se combina con los bombardeos y los desplazamientos masivos para quebrar a una población exhausta, sin techo, sin alimentos y sin atención médica. El silencio diplomático y la falta de presión efectiva sobre Israel agravan todavía más el escenario, que ya es descrito como “catastrófico” por la propia UNRWA. Suscribite a “La noticia es otra” — Reactiva Contenidos Si querés seguir estos informes, apoyar el trabajo de análisis y sostener periodismo independiente, sumate con tu suscripción.Tu apoyo es imprescindible.